Desde su fundación, el Colegio San Luis se ha propuesto la formación de personas de acuerdo con una concepción cristiana del hombre, de la vida y del mundo, según los criterios y orientaciones pastorales de la Iglesia.

Su estilo propio hace presente la Buena Nueva del Evangelio que es Amor. Concebimos la formación cristiana como una educación que respeta la libertad de conciencia de todos los estudiantes y sus familias, quienes a su vez han de respetar, aun desde la diferencia, el carácter propio de la Institución, promoviendo la formación consciente y responsable de los valores cristianos, tratando de “hacer vida el evangelio”.

Creemos que la Catequesis no debe limitarse a una hora en el salón de clase, sino que debe trascender a la vida alimentándose de la oración diaria, la celebración eucarística y la preparación sacramental: Bautismo (en caso de no haberlo recibido y desear hacerlo); Comunión (4° Año EP) a través de la preparación de docentes y padres/madres (Catequesis familiar) Confirmación, por decisión personal (Secundario Superior) y Post-Confirmación. Esto siempre que los padres/madres y los y las jóvenes opten por una vida religiosa plena, sin presiones ni condicionamientos.

Por sobre todo, creemos que es fundamental la creación de un “clima” impregnado de Evangelio en toda la Institución.



 

A fines del año 2004, Monseñor Adolfo Uriona recibía como Obispo la Diócesis de Añatuya, Santiago del Estero. A partir de ese momento, hemos iniciado junto a él un camino de cooperación y amistad con los habitantes de este territorio tan necesitado de nuestro país.

El Grupo de Misión del Colegio San Luis, formado por alumnos/as de los dos últimos años de secundario y ex alumnos/as, coordinados por nuestras catequistas y acompañados por profesores y profesoras, es un grupo dinámico, entusiasta, generoso, que comparte anualmente una semana de sus vacaciones de invierno con los niños, niñas y adolescentes de Añatuya, viviendo con ellos experiencias maravillosas que marcan sus vidas al conocer otras realidades y ver que es posible, no sólo ayudar, sino también crear lazos afectivos y acercamientos a un otro que, de no ser por la misión, desconocerían en su realidad humana a través de la cual descubren su dimensión trascendente.

Año a año crece el número de jóvenes que participan de la experiencia, tanto entre los alumnos como entre los ex alumnos que desean seguir compartiendo esta cruzada de amistad.

En la preparación de la misión y en todos los eventos que realizan para solventarla, reciben el apoyo constante de la comunidad toda.